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martes, noviembre 17, 2015

LA HUIDA


Llegó a la gran avenida con un poco de ventaja. La Sibila le dijo que no tendría problemas para encontrar la puerta y le dio una llave: la tiza. Empezó a empujar el asfalto caliente con sus piececillos de muñeca de porcelana. Alerta, agotada como un animal salvaje,  y al fin lo vio; el esquinazo, imponente, incrustado en la moderna ciudad, la esperaba.  Sintió sobre su nuca el aliento de su perseguidor. El cielo azul y lejano. Deseó llegar con todas  sus fuerzas. Empuñó la llave y de un trazo contundente pintó la puerta.  Oyó como alguien ladraba su nombre. – Son, no te dejaré marchar-  Aterrada, embistió aquella esquina con una puerta dibujada. Lo último que vio, a contra luz, fue  las húmedas fauces de su adversario.

Fotografía: Guada_Gijon 
Relato: Cristina Flantains