viernes, marzo 07, 2008


viernes, febrero 15, 2008


Si cayeras de mis ojos
Y no pudiese sujetarte
Si te abismaras por mi cara
Y no pudiera sujetarte
Recuerda al pasar por mi boca
Como pronuncié tu nombre
Al llamarte

sábado, diciembre 08, 2007

bonita casa, hermano topo


jueves, noviembre 29, 2007

A la vuelta de la esquina.

La yema de tu dedo con la huella dactilar tan perfectamente dibujada, tan limpia, tan exclusiva.
La yema de mi dedo posada sobre tu parpado.
Oscuridad febril de ojo cerrado, ya pronto no veras nada.
Puedo oir-te, oler-te. Sentir tu yerto parpado bajo mi yema es anticiparme, unos meses ¿seis? ¿cinco? ¿doce? Es anticiparme, morbosa imaginación, indagar en el segundo siguiente con la boca llena de lagrimas. Cuando busco en tu vieja pupila que todo lo sabe, el nombre de las cosas que hoy no tienen nombre.

lunes, septiembre 17, 2007

sin reglas ni cartón

“todo vale, todo vale” y no es así, se lo repite una y otra vez mientras termina y no de pelar las patatas. Tiene una angustia amarrada al esternón, una angustia que es como un catarro mal curado, como un parásito que le va y le viene del pecho a la espalda con pereza, con resignación y aburrimiento. Suena el teléfono otra vez y oye su voz ronca al final del pasillo. Ha quedado para las siete, le dará tiempo a tomarse el aperitivo con los amigos, a comer tranquilamente y a echar una buena siesta. La verdad es que envidia su vida de tejados sin canalones, de ventanas de cristales rotos, de tardes parsimoniosas a la caridad de un rayo de sol o de una chubascada de verano.
El aceite humea en el sartén, trocea un diente de ajo y antes de que se dore echa las patatas meticulosamente cortadas. Ha colgado ya y le oye acercarse por el pasillo silbando suavemente la canción que más le gusta. Entra en la cocina envuelto en su albornoz de rayas. Es alto y delgado. Es pálido de tez y muy moreno de pelo. Es joven y divino. Se apoya contra la mesa y se queda mirando, silencioso y arrogante, la espalda carnosa, la larga coleta trenzada desde la nuca, las anchas caderas de buena paridora: se empalma, no lo puede evitar y al mismo tiempo no lo soporta “ no hay nada de malo en eso, tío, te pone, ya está, no pasa nada” “ vendré a comer a las tres si se lo dices tú no les dejo ninguna nota” “ se lo digo yo, vete tranquilo” “ vale”
Toma el pañito y se seca las manos mientras oye como arrastra los pies saliendo de la cocina, como silva su canción favorita entre dientes, como se mira la punta de las zapatillas con las manos metidas en los bolsos y como sus vientos atraviesan sin pudor las ventanas sin cristales. “cualquier día me le follo y me quito este malestar del cuerpo, a nadie le viene mal un buen polvo, ni a él le iba a sobrar ni a mi tampoco, en esto todo vale” y no es así, lo sabe, lo sabe. Lanza el pañito sobre la encimera, se cruza de brazos y aúlla, aúlla como una perra en celo. “¿No es así?”.

martes, agosto 21, 2007

escalera de colores

-¿me cuentas el cuento de un ojito, dos ojitos, tres ojitos?

En la penumbra y boca arriba, ella escribía en el aire, palabras, hacia formas con su dedo en una pizarra invisible, movía los labios cincelando el aire, en silencio, con aplicación infantil y sus ojos correteaban tras una estela transparente, hasta que bajaba la mano y me miraba. La luz noctámbula de la ventana, con los cuarterones entre abiertos, se reflejaba en sus ojos del color del chocolate

-Vale-

Nunca, nunca me decía que no. Y me arrebujaba entre las sabanas escuchando su voz infantil que en un susurro, para que madre no nos oyese desde la cocina, comenzaba:

“Hace muchos, muchos años, en un lejano país vivían, en una casita de campo, tres hermanas con su papa y su mama…”

Esas palabras eran un pasaje directo a otra vida de perfiles tan reales como la vida misma, era otro mundo que bombeaba con contundencia y a toda maquina. Eran la llave de todas las puertas de este otro, la alternativa precisa en el momento más oportuno.

Echo de menos la nitidez de aquellas otras realidades, es más, creo que desde aquella infancia preciosa al lado de mi hermana, echo de menos: la nitidez. No sé cuando perdí ese don; no recuerdo cual fue el último día en el que me senté, con dos ojitos, a disfrutar de la deliciosa merienda que nos ofrecía su cabrita mágica… pero la echo de menos.

sábado, junio 30, 2007

luna en clave de sol menor


En clave de sol te declamas encendida sobre el tejado rojo que le da paisaje a mi ventana. Deshacerme sobre el ascua de un deseo, es el sino que padezco en la atenta mirada del ojo sin parpado ni pupila: desmallado, como exhausto, quizá muerto y sangrante en su reverso. Qué me importa, eso me reza tu letanía en susurro chillón y estrafalario, tan ceca de mi oreja que se me llena de escarcha. Y yo silente, sin cerrar los ojos para que creas que te sujeto la mirada albina. Como si de eso se tratara, como si tan solo de eso se tratara.

lunes, junio 18, 2007

amanecer


Coges la hoja en blanco y escribes algo. Hoy, por ejemplo, que no te deja dormir con sus ronquidos, que estas desolada y furiosa, que te duele la espalda por encima de todas las cosas, que son las cuatro de la mañana y tienes hambre.
Otros días tambien coges la hoja en blanco a la misma hora intempestiva y por razones parecidas, sin embargo, no consigues escribir una letra, nada está tan claro, se te agolpa la madrugada tras los cristales de la ventana y te entra prisa, se atropellan los sentimientos, las imágenes, los silencios y eres incapaz de sacarles ni una sola palabra.
Al fin oyes cantar, a lo lejos, al pájaro de la mañana, se acabó el tiempo, entras a la ducha y cierras los ojos, les notas febriles y abultados tras los parpados, febriles y asustados tras la cortina de agua y te abismas en el día, te abismas sin remedio.

sábado, mayo 05, 2007

Metáfora del ruido de una noche. Ya nada me interesa más que tu luz: Áurea de estigmas, inhóspito límite. Cada vez que reclinas la cabeza sueño con tu cuerpo, ojalá me perturbara y la metáfora de este ruido me llenara a rebosar.
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Y llegó Barojiana, la hacedora de versos y lo dejó así:

Metáfora del ruido de una noche.
Ya nada me interesa más que tu luz:
Áurea de estigmas, inhóspito límite.
Cada vez que reclinas la cabeza
sueño con tu cuerpo,
ojalá me perturbara
y la metáfora de este ruido,
me llenara a rebosar.

Cris Flantains


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Quiso llegar la aurora,
blandamente, como apenas rocío
que descarnara el alma de la escarcha.
¡Ay, que mayo no tiene ya silencios!
¡Ay, que los ruiseñores llegaron con su espada
de cuatro filos, cuatro, y cortaron el viento
con la azul tiranía de su risa!
La rosa geométrica se abalanzó imperiosa
sobre el caos y el desorden, y sujetó los vientos
al armónico ritmo de su cíclico imperio.
¡Ay, el azul de mayo,
azul, azul que rompe en alborada!


Blanca Barojiana

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Gracias Blanca

domingo, febrero 18, 2007

Allegro non troppo ma con brio

Solo llegar a una orilla, sin condiciones, arribar. Solo tener un horizonte en el que sea imposible inquirir. Ignorar la lejanía, descansar. Ay, maldita memoria. Ay, maldita pregunta. Ay, maldito viaje, maldito polvo, maldita huella, maldito indicio, maldita sea… maldita, maldita.

Tantas tardes corriendo por el filo de la misma puesta de sol. Tantas madrugadas condenadas a otros tantos amaneceres, que siempre llegan, que nunca se retrasan, que se regalan con la ecuanimidad de una madre cumplidora. Adicta al plectro desde el primer crepúsculo, castigo que viviré hasta el último de mis días.

Vueltas y revueltas, solo es un cauce, solo es tú cauce, meandro divagante, divergente corriente, orilla discrepante y el esfuerzo ingente para llegar a contra corriente y desovar.

Dime, contéstame ¿me quieres? ¿me quieres? Dímelo ¿me quieres? Qué dolor que me ames tanto y que tu amor sea mi condena. Qué dolor haberte encontrado para que me ames tanto. Qué dolor haberte encontrado. Que dolor que me ames tanto.

lunes, febrero 05, 2007

Cuando aún queda la noche


Se espesó la noche, se resumió transfigurada en un instante a destiempo. Hinchada y feroz reptó entre los juncos de la pradera y a pleno sol .Hondo espectáculo. Sincopando el sueño, los días, la obsesión continua de su último destino.

Te presintieron, noche, no te equivoques con ellos, fuiste provisional como postrimero aliento y miraron para otra parte, ninguno escribió tu nombre.

Se derramó ladera abajo sin dejar pistas, duró lo que tardó en pasar entre las briznas, transito sutil, conciencia desmemoriada de cada palmo de este paisaje que sueña constantemente.

Ayer, fue ayer cuando hablamos de la espuma de los días
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Y llego Mar, la escribidora de versos, y lo dejó así:
Se espesó la noche,


se resumió transfigurada en un instante,


a destiempo.


Hinchada y feroz


reptó entre los juncos de la pradera,


a pleno sol.


Hondo espectáculo.


Sincopando el sueño, los días,


la obsesión continua de su último destino.


Te presintieron, noche,


no te equivoques con ellos,


fuiste provisional como postrimero aliento


y miraron hacia otra parte,


ninguno escribió tu nombre.


Se derramó ladera abajo sin dejar pistas,


duró lo que tardó en pasar entre las briznas,


transito sutil,


conciencia desmemoriada de cada palmo


de este paisaje que sueña constantemente.


"Ayer, fue ayer cuando hablamos de la espuma de los días"

Gracias, Mar :)

sábado, noviembre 25, 2006

Aprendiz de bruja

Aprendiz de bruja, la ilusión estética de un río de caudal extremo: tú a una orilla y yo a la otra, y el juego delirante de encontrarnos en el medio sin que nos arrastre la corriente. Si asumir esta ilusión es difícil, encontrarte en la mitad de la corriente, imposible. Nunca nada existió menos, nada, nunca, existió mas fervientemente. Buscando la manera, siempre buscando, la manera, de encontrarte. Caudal intenso, es un juego, lo comprendo, de exquisitez extrema. Bésame, lentamente, abrásame en un beso de imposible amor, bésame llena, lleno a rebosar, hasta que mis parpados se quemen y en el fondo de mi pupila mis ganas te reduzcan a golpe de negrura y agua.

viernes, abril 14, 2006

el enfermo

Consume lentamente el liquido de su copa, cada sorbo breve que se expande contra el paladar se explaya con deleite en cada papila y después, resbala por la garganta, profunda, húmeda, en un tempo lento y armonioso, debidamente premeditado, abrasándole; suena Otelo en esa noche serena, llenando la habitación en penumbra. Cada acorde es ella y cada silencio tambien, como una obsesión le cubre y le abraza, en su ausencia poderosa le ocupa y le postra. Dibuja su perfil con los ojos cerrados, qué mas puede hacer, soñar que la abraza, que el hálito de su aliento le agota la piel, soñar que la tiene y verse desnudo en el fondo de su pupila, tan negra, tan negra. Delirarla en cada sorbo breve, fantasearla en cada acorde intenso, divagarla en el silencio y en la oscuridad y vivir prendido de este empeño de día y de noche. Enfermo, enfermo de amor.

lunes, febrero 20, 2006

Ahí estas tú

No hay como perder el camino para levantar la vista y mirar.
Y ver.
De paisajes intensos está hecho el corazón de algunas gentes.
De paisajes inmensos.

martes, febrero 07, 2006

Cheque al portador


Ese vertiginoso abismo que hay en cada una de las huellas a las que yo asomo:
me llama.
Son tuyas. No sé que hay en el fondo ¿calma?, ¿tempestades?, ¿gritos de lluvia o frío?… ¿ un sol rabioso que a modo de dios me ha de secar dolorosamente pidiéndome que soporte su dolor?, ¡qué no es mío! ¿no me escuchas? No hay razones, solo tu sima. Elegante salto me espera: condenándome.
Porque me diste voz y me negaste la palabra estas en deuda conmigo:
eternamente.

martes, enero 31, 2006

la casa de los anhelos

- ¿qué hora es?

Levanta la cabeza y mira a la figura que, delante de la ventana y casi sin pestañear, ha ejecutado la pregunta, sacude la muñeca derecha hasta que el reloj aparece por el puño de la blusa, interpreta dócilmente lo que la esfera nacarada le propone, quedamente se pronuncia, mientras la aguja del minutero barre con indiferencia cualquier atisbo de objetividad

- Las cinco y media-

y retoma la lectura. Está leyendo “Endimión”, unas veces en silencio y a ratos en voz alta, cuando ella se lo pide, cesando en el instante mismo que una nube de abstracción obnubila su mirada. La observa un segundo antes de volver a los versos, delante de la ventana proyecta su sombra alargada y enjuta sobre el suelo, el brazo derecho doblado formando un ángulo recto con el izquierdo que se cruza sobre el vientre seco y abultado. La mano, de largos dedos, sujeta un cigarro humeante. Su pelo rubio blanquecino amarrado a la nuca en un desordenado recogido
Pasa el tiempo, lentamente, nos lo explica su sombra con puntillosa pulcritud

- ¿qué hora es?


Lo pronuncia sin mover casi la boca, sin apartar los ojos cansados de un lugar abstracto de entre los tejados y, en la cadencia de la voz se percibe los ecos del que lleva cayendo en obediente abandono por la espiral que marcan las astas del reloj.

- Las siete menos cuarto

Se da la vuelta y sonríe, y al momento que expulsa el humo recita:

- “ la tórtola ha cesado de llamar
A su cónyuge de patas carmesíes”

- me gusta verte sonreír

Es el silencio un aliado afectuoso, dilatándose, en cada tramo que el segundero marca, ineludiblemente

Se oyen dos vueltas de llave en la puerta, un auxiliar entra empujando un carrito con la cena, detrás una enfermera con la medicación.

- Me tengo que ir ¿quieres que antes te diga que hora es?
- Sí, dime qué hora es y luego “dile que aquí lo espero,
Donde alumbra la tea hecha de juncos”

El Último espejismo del sahara

Agónico y nauseabundo se para ante él, ahora solo su presencia importa, alguien le dijo que le estaban esperando, por eso no entiende por qué no le mira, por qué no le habla, por qué la mirada busca más allá de su presencia en la improbable cercanía del horizonte. Debajo de esa mascara paternal está la memoria del que nunca tuvo que venir y, sin embargo, ya está aquí, su presencia solo cuenta con este instante pero es un lastre tumefacto que promete futuro. Es tarde para recordar. Demasiadas sombras que son en este lucifugo paisaje.

martes, enero 24, 2006

como un pecado


Voces ya pronunciadas, efímero el aire que los labios esculpe, duerme donde la sombra se desvanece con domestica naturalidad, la manoseada idea de volver allí y anidar, una vez más. Es el tópico por excelencia; tacita alusión al imposible más genérico. No encuentro palabras para pronunciar tu nombre, aprendo a callarlo y qué difícil me resulta definirte a golpe de silencio.

sábado, enero 21, 2006

Nunca más



Jamás entendería aquel juego, lo supo desde el primer momento, pero no le importó y se concentro intensamente en las cartas marcadas. Por qué aceptó la partida, ni él mismo lo sabe, quizás porque a todos nos gusta oír como nos dicen `te quiero´. No tardó mucho en aprender a interpretar cada una de sus señales y jugó como pudo con un único adversario. Se jugaban la codicia, las dudas, amor de supermercado en bolsas de papel reciclado. A la luz de una mentira, y sobre un tapete color verde esperanza con forma de corazón, jugaron mano tras mano sin pausa hasta que salió el sol. Tardó más de dos años en amanecer.
La luz. La luz de aquel amanecer fue como el suspiro de un niño que duerme.
Nunca a nadie le habló de los rigores de aquella partida, y desde entonces a esa luz blanquecina que se regala cada día a sus ojos a primera hora de la mañana, le suplica el olvido y el silencio. El silencio que solo existe en la imaginación de los hombres que como este, tiene cosas para olvidar.


sábado, enero 14, 2006

La mentira


" Yo te llevaré a Abril"

Esta fue la promesa que ella le hizo una calurosa tarde de verano, desnuda sobre las sabanas de la cama. Se lo dijo sin pronunciar una sola palabra y él quiso creerla porque su invierno se le hacía interminable, y en sus labios no cabía ni una grieta más de desaliento feroz.

" Yo te llevaré a Abril, te sacaré del barro, te secaré la espalda,te confortaré con mis cuentos al amor de tu mirada en la madrugada eternade mi primavera"

Y se lo creyó, porque quiso, mientras su vida llovía acantaros detrás de los cristales febriles de su mirada " Abril, Abril, Abril" murmuraba al tiempo que recorría, loco de agradecimiento, aquella esperanza con forma de mujer. Luego vinieron las inclemencias del silencio en forma de devastadoras heladas y, poco más tarde, los lugares que le estaban reservados por aquella promesa, se fueron llenando de sombras que no fue capaz dedescifrar. Llegó una tarde arrecido de frío y exhausto de vida decidido a proponerle emprender el viaje sin demorarse ni un minuto más.

Cada bocanada de aire que respiraba era un dolor arritmico, un latido agudo.

Mientras su mirada recorría hasta el horizonte las huellas que ella había dejado, apeló a su memoria, único testigo de aquella promesa, existió, no hay nada de lo que esté más seguro, un silencio glacial se lo dice cada vez que pronuncia su nombre.

jueves, enero 12, 2006

Platón


viernes, enero 06, 2006

Catedral de Santa María (de León)

La miro a hurtadillas al tiempo que subo sofocada por el calor y el esfuerzo. Paso a su lado arrancando los brillos que el sol posa en cada rincón del empedrado con meticulosa necedad. Ella, perfilada bajo el azul intenso del mes de julio, surge de la nada silenciosa y arrogante.
Arrimada al muro añejo del Palacio Episcopal sigo mi camino apurando su exigua sombra, más arriba, más lejos… cada vez un poco menos. La idea del pasado me obnubila, se hace aquí real: “es este muro y este otro” me digo mientras los rozo con los dedos sin dejar de andar.
Pego la mirada en el esquinazo que hace la imponente construcción como acaso, lo hubiera hecho alguno de mis antepasados, me siento irónica. No me resisto a la tentación de entrar y distraer unos minutos en este derroche de eternidades.
Dentro el recogimiento es total, al principio no veo nada, mis pupilas necesitan unos insignificantes segundos. Explayándose en los detalles la Pulcra es generosa; poco a poco redescubro el color con infantil admiración; la imaginación corre y es fácil sentirse ingrávido en cualquier rincón oscuro; fantasmas del pasado se deslizan por el muro al arrullo del lamento del pueblo Medieval; en la nuca un susurro calido me conmueve arrancándome la duda: ¿es buena tanta magnificencia? Y el color me vuelve a desengañar.
Reconocen mis ojos, el único sentido con el que la puedo poseer, cada recoveco, vuelvo a observarlos una y otra vez, los conozco hasta el aburrimiento, los quiero… ya son míos. Permanezco en este instante que probablemente será eterno. En este pasado preciso que se repite cada día que paso a tu lado…

jueves, diciembre 29, 2005

Mentir es como vivir

Avivar el fuego es la solución, eso pensó. Así que se levantó del sillón, y tomando primero un contundente tronco y luego otro, los echó a la lumbre. El fuego no tardó en crecer pero el calor no llegó a sus piernas; es que era un sueño, imperfecto, era pues, una pesadilla…

Revoltijo de sabanas, sudores fríos, quiere ese calor a toda costa, pero no llega. ¿Será una condena? No, no: es una pesadilla

Qué persistentes son algunas mentiras y qué agotamiento da reincidir en ellas día tras día. Siempre ellas, cuánta codicia. Cosas que él lleva por dentro y son difíciles. Cansancios desmedidos. Cierra los ojos y las ve en un rincón de su vida que casi lo ocupa todo: ¿Qué hacéis ahí? preguntó. A fin de cuentas, como es su vida, el derecho a preguntar, le asiste.

La respuesta es su nombre, y lo pronuncian muy despacio.

Traspasar una y otra vez la misma puerta con la conciencia desmemoriada de un loco, acceder a la oscuridad más perfecta, buscarse el perfil a tientas, encontrarlo, sentir como encaja entre sus brazos y pedirlas que aprieten: Apretadme hasta que aprenda a viviros sin respirar.

Obediencia debida: le aprietan con todas tus fuerzas.

Avivar el fuego no es la solución, no hay solución para este frío, eso dice, y tiene razón.

martes, diciembre 13, 2005

el paseante solitario




Cómo un felino al acecho pasó a mi lado, respiré el clamor desquiciado y bronco de sus entrañas, bebí el veneno de sus ojos, me dejé llevar por cada latido, arrítmico sonido, no caí en la cuenta entonces. Buscaba, no sé si era a mí a quien buscaba. Reconozco que me subyugó el magnifico espectáculo de su presencia, era un hermoso animal con forma humana, ¡juro que nunca pensé en la zarpa! jamás me imaginé que de un solo golpe, me arrancaría a tiras toda la piel de la espalda.
Me pudro de fuera a dentro desde entonces, alimento a las moscas en mis llagas.

Maldita sea ¡juro que nunca pensé en esa zarpa!

sábado, diciembre 03, 2005

nieva en Milán

Nieva en Milán; crepúsculo o amanecer. Sobre los hombros fría inclemencia; la luz se difumina espesa y en la luz, bajo tus parpados, me espera. Pronuncias mi nombre, mi nombre, lo pronuncias y yo me siento como en casa. Olvidar entre los copos, sobre las piedras y no ahogarme en este presentimiento de locura y desatino.
Nieva en Milán.
Sobre los hombros fría inclemencia.
Apriétame, amor, balanceame en este espacio, concedeme el latido, la vida, regalame todo el olvido.
Nieva en Milán casi tanto como en mi alma.

de la sed

Esperando…
Que el gélido aliento golpee la nuca definitivamente haciéndome cerrar los ojos,
no verte más.
Que aprisione sin escrúpulo cada pálpito, angustia dolorosa que es no latir,
no sentirte más.
Qué me lleve dolorida y triste.
No.
Qué me empuje desconsolada.
No
Que me vierta
gota, a gota
En el abismo de su apetito inconmensurable
(Como si del semen de Dios se tratara).
Y perderme en la locura de tu oración sin esperanza
Para dejarme morir : ¡apenas sí he vivido!


Escuchimizada y patética Isadora
Que al borde de la fosa
Baila
Sin ton ni son.

lunes, noviembre 21, 2005

La niebla

Como caminar sin rumbo, como beber sin sed, como mirar sin ver y hablar sin decir nada… la inquietud que le mueve se condensa y se enquista a flor de alma, es como una tempestad insignificante en mitad de la calma más abyecta. Y prosigue movida por la inercia, la inercia, y va más allá de las estrellas y más acá de su propia existencia. Habitando un espacio que no comprende se conmueve cada vez que un céfiro le devuelve su propio aroma, sin entender… por qué no entiende nada.

viernes, noviembre 18, 2005

Declaración de intenciones


Busco un rincón de luz donde las palabras conjuguen lo inaudito de sus intenciones. Sin pronóstico. En silencio. Ver la sombra que proyectan al tiempo que esculpen cada aliento. Y a horcajadas en ellas cabalgar sin miedo en pos de la idea; en un paisaje de horizontes imprecisos donde todo permanece, eternamente.

miércoles, noviembre 02, 2005

Hipótesis


Pongamos que una nota musical reverbera en la luz. Pongamos de la sombra, que es una ilusión óptica y optima. Pongamos lo que pongamos se me consumió la voz y ahora queda un paisaje mineral de contundentes perfiles.

Ya solo quedan sus abismos, mis abismos: los abismos.
Ya solo, sola. Es más que suficiente…
Ya. Yo

Pongamos que de estos abismos nacen todas las intenciones, tan silenciosas, parece que no existieran, es más, no existen. Las intenciones. Pongamos que ya no hay muros que sujeten las puertas. Pongamos lo que pongamos se me consumió la luz y ahora queda negrura.

viernes, septiembre 16, 2005

Danzad, danzad malditos


Articulo de opinión:
¿Qué opina usted de la muerte?
Se ha puesto sus zapatillas de baile y con pasos cortos avanza hasta la mitad del escenario, va demasiado maquillada y su pelo esta recogido, en un moño apretado, justo encima de la nuca. No lleva tutú, va con una malla tan ajustada que le marca hasta el ritmo de la respiración… más adelante le marcará la carne, toda, con las deformaciones que procura el sobre peso o la edad, es tan sencillo como eso, después: después, decíamos, le marcará los huesos. La platea está oscura como la boca de un lobo, pero hay gente, es más, está llena.
Bailará ella sola sobre el escenario transformando cada acorde en un ademán exquisito o impactante, depende. Se dejará llevar por la música, grácil como una pluma y otras veces pesada como una montaña, el papel que representa es complicado y tiene sus momentos de contradicción, tanta tenacidad conmueve. A veces desespera incluso el espectador; miramos para verle bailar, solo ella, miramos y no hay más, toda la oscuridad del mundo la define.
Miramos.
Bailará durante un buen numero de días y de noches ininterrumpidamente, ajena al agotamiento físico, al desanimo y a las dudas, porque no la queda más remedio que bailar. Y luego cuando termine todo, se sentará en la platea, agotada, rota, casi extinta y esperará a que el foco señale a quien debe sucederla en el escenario, es otro, quizá ella misma otra vez, depende de lo irónico que esté hoy el Sr. Director. El espectáculo vuelve a comenzar, interminable, fuente inagotable, es el único fin: el espectáculo, bailar, agotarse sin remedio.
Hay un momento de lucidez extrema, es el instante en el que el escenario está vacío, solo con un punto de luz blanca y cegadora, hay un instante en el que el silencio no es una tregua. Terror, decíamos, susurrábamos, hace un calor sofocante que contrasta con el frío hiriente y blanco del punto luminoso que nos amenaza. Apenas dura un segundo y ya hay otro bailarín en el escenario

viernes, agosto 19, 2005

La ausencia



Avanzo por este camino lleno de sombras, buscando entre la oscuridad los indicios que tu hipotética presencia haya podido dejar. No estas. Nunca estas.
Avanzo con la tibieza que lo haría una amante experimentada, presiento en la negrura la humedad de tu cuerpo; tu sal me postra. Sigues no estando. Nunca estas. Pero sé que existes en alguna parte.

miércoles, octubre 27, 2004

ojalá todos los tréboles tuvieran cuatro pétalos

-Ojalá todos los tréboles tuvieran cuatro pétalos.

La mirada prendida en el verdor de los cuatro pétalos. De los ojos llenos se desprende a cada parpadeo la luz. Ojalá la vida no fuese deseo y la luz implicase siempre entendimiento. Ojalá los ojos indagando en el verdor de esos cuatro pétalos no se desbordara en anhelos y que cada palabra que pronunciaras estuviera libre de incertidumbre. Que la lluvia no fuera inclemencia limitándose, solo, a amamantar la tierra, que el frío no fuera devastador y supusiese, tan solo, una tregua, que la oscuridad en la noche soportase únicamente el descanso, y el miedo habitara en la última estancia del olvido.
¡Como te entiendo cuando formulas tu deseo! Y el silencio que le precede y la quietud de tus manos sujetando el trébol, y la mirada perdida en el deseo, imposible deseo, el indomable impulso de desear continuamente. No hay descanso para los ojos que quieren ver, ni reposo para los oídos que quieren escuchar, ni satisfacción en la consumación de lo que resurge como Fénix al instante mismo.
De la sonrisa al silencio, durante un segundo indagamos mutuamente en el fondo de nuestras pupilas, luego vuelta, otra vez, sobre los sedosos y verdes pétalos.

-Ojalá todos los tréboles tuvieran cuatro hojas

Tus pensamientos se resumen en esas palabras que repites una y otra vez. Solo oigo eso mientras tú lo pronuncias; solo pienso en eso mientras tu mirada acaricia mi cara al tiempo que pronuncias; solo tengo eso mientras tus labios se mueven cincelando el aire que expulsas para ponerme al corriente: - Ojalá todos los tréboles tuvieran cuatro pétalos. Y mientras tanto, ambos, conjugamos la vida aprovechando los ecos de algún silencio ajeno. No hay virtud en este momento, ni propósito, solo la certeza inútil de que los tréboles solo tienen tres pétalos.



martes, abril 20, 2004

Las cicatrices del alma

Hay cicatrices que nunca dejan de latir, que se instalan de cualquier manera y en cualquier rincón, acechantes, sin conceder un minuto de tregua ni a la memoria ni al corazón. Cicatrices que no se pueden compartir, que te condenan a silencios, que te marginan, que te someten, que te aniquilan. Que se llevan como un estigma invisible concediéndote el desaliento y la rabia, como gracia y en exclusiva. Cicatrices caprichosas que nunca quisieron ser herida. Cicatrices viejas que apuntalan retazos de dolor, inviernos interminables, sombras; sombras y silencios. Soledades. Eternidades. Desesperación.

domingo, marzo 28, 2004

Alas de mariposa

I
Llueve mucho; el olor de la tierra mojada y el frescor de la hierba envuelven las cosas con parsimonia, con calma, con dulzura. Tras los cristales de la ventana un mundo diferente, al que bulle en la cabeza, recibe sin ceremonias la mansa caricia de cada gota.
Deslizo lentamente la yema de los dedos por el calor que hace un minuto atravesó mi mente al leerte; aún siento como un viento, ajeno y propio, me susurra inocencias consumadas y persigo su eco en el abismo de mi alma. Tus blancos guantes de prestidigitador buscando en el fondo de oscuras miradas; preguntas perniciosas disfrazadas de palomas atraviesan brisas alentadoras en las que desearíamos vivir. Un nexo. Un único fin inalcanzable.
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II
Va y viene como ola de mar. Ajeno o despistado lame con cadencia la playa posponiendo ferocidades, insistiendo en esa calma que ha de tornarse delirio de luna, aullido de vendavales, espuma y voz, tras el velo de la impaciencia, infinita, tan pronto como la noche caiga.
-Yo te deseo.
Rompe sobre su pecho en el juego delirante, infinitud de cuidados porque naufragar no esta en el ánimo, áspero acantilado le recibe y se empapa, bebe, pero no se sacia y le espera, otra vez; no hay nada que le guste más que la marea esté alta .
-Y te amo
¿Dónde dormías Cupido?, fue el mismísimo diablo quien les atravesó el alma.
-Yo te deseo
Ríos resueltos de raudos caudales penetran en este mar que se eleva. Todo es agua. Impaciencias insumisas que se retuercen. Alientos abrasadores exaltan en tempestades. Tu vientre es rompiente, vértigos y abismo. Fuegos que hielan la razón, pleamares esmeraldas dibujan estelas blancas. Y un aliento céfiro que en un rincón del horizonte, entretiene a la madrugada, susurra tu nombre.
- Y te amo
Reconoce amor, que nos encanta el mar cuando no está en calma.

jueves, marzo 25, 2004

El hombre sin alma

Perdió su identidad, la perdió como quien pierde la medallita de la primera comunión, esa que ha estado acarreando durante más de veinte años: inexplicablemente la perdió. Y el disgusto fue tremendo, un estruendo, un golpe bajo, algo que no tenía que haber pasado ¡jamás! Pero que pasó misteriosamente.
Vendió su identidad, y no al mejor postor, porque en un momento de apuro, de mucho apuro económico, sufrió un ataque de enajenación mental, de pura idiotez. La vendió porque noventa y siete días de impagado en una hipoteca pesan más que un cadáver. Se despojó de ella en un pispas. La malvendió.
Le robaron su identidad y del disgusto y la humillación estuvo a punto de cortarse las venas y morir. Los ladrones, al huir, ni siquiera corrieron y, él, paralizado por el pánico, no opuso resistencia.
Regaló su identidad a un encantador de serpientes. Quiso creer que aquel hombre decía la verdad, y cuando se la pidió, se la dio sin protestar. Aun hoy duda, tan convincente fue.
Nunca tuvo identidad, los espejos no eran su fuerte.
Me le encuentro todos los días, tempranito, cuando voy a trabajar. Somos conocidos, cotidianos y cercanos en nuestras lejanías, casi afines. Cuando le miro casi no me puedo creer que no sepa quien es. Es más, incluso, aparenta que no sabe nada. Si ustedes le conocieran pensarían lo mismo que yo. Es inquietante que no se le note nada.

domingo, febrero 29, 2004

Aunque estes al otro lado del mundo


Yo fui tú; alma arrasada de bordes enrojecidos. Fui la piel entre las uñas después del zarpazo bestial. Fui el último respingo del quejido que asoló la garganta dolorida y seca, y el llanto incontenible, y el desaliento, y la tristeza.
Yo fui tú; corazón de hielo y labios de espinas, fui la ira y el dolor insoportable que trepa por la carne angustiada y trémula. Fui el espejo roto que cruje bajo la sucia bota impía, del soldado cruel, del violador acreditado.
Yo fui tú; vida sobre la vida, luz sobre la luz en su ausencia más estridente y busqué soledades para acurrucarme en ellas, para dejarme morir en silencio.